Una de las leyendas mapuches es la Trempulcahue , los cadáveres de los guerreros eran empujados hasta la isla Mocha, que sería la antesala del inframundo, a través de pequeñas canoas. Allí eran recibidos por algunas machis y una de ellas, la más anciana, los conducía a la eternidad, para ello se convertía en ballena blanca. Es así como para el pueblo mapuche la ballena blanca era una divinidad. Los que hemos tenido la suerte de vislumbrar una ballena sabemos que hay algo de sagrado, de divino en este mamífero.
La novela se inicia en Tomé en el sur de Chile, una noche de tormenta. Está ambientación me parece magnífica. Luego la historia se abre sobre un recuerdo y allí vemos al pastor Hiennan que trae a la memoria cuando se embarcó a los quince años junto a un chico mapuche Leftraru y recogen náufragos que han partido en bote desde el barco Essex.
No es mi intención relatarles todo el libro, lo encontré muy entretenido y algo macabro, cuando descubrimos que uno de los personajes muertos no fue devorado por la ballena sino por los propios balleneros que estaban muertos de hambre….
Martínez y Ortega se han movido por todo lo ancho y largo de Chile para dar a conocer la historia de la ballena blanca, antes de dar la conferencia piden a la comunidad que se involucre leyendo el libro, así estudiantes, carabineros, todos se han puesto a leer. En el último viaje, hacia Puerto Williams, Martínez y Ortega sintieron los embates de la naturaleza y ellos mismos fueron los protagonistas en medio de una tormenta, entre un vaivén y otro vaivén de la nave, Martínez se quebró una pierna,.¿Tendrá algo que ver la ballena blanca?
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